viernes, 7 de junio de 2013

TÍTERES DE CINE

En esta actividad hemos conjugado el teatro popular y el cine.
Los alumnos de 1º ESO han realizado su títere de varilla y cada uno de los personajes ha sido seleccionado a partir de las películas vistas en clase como: La princesa prometida, Cometas en el cielo, Las bicicletas son para el verano o En busca de la felicidad.

Han seleccionado las escenas fundamentales de dichas películas y de esa forma su representación se ha podido ajustar a diez minutos por cada grupo.

En estas fotos podéis ver ejemplos de dichas representaciones:
Títeres de 1º C ESO

Títeres de 1ºF/G


"La princesa prometida" 1ºF/G

"La princesa prometida" 1º C

martes, 7 de mayo de 2013

LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS


  1. Texto 1. Poema V Recuerdo infantil, Antonio Machado, Soledades (1899-1907)


RECUERDO INFANTIL

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
Antonio Machado
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
"mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón".
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
  1. Texto 2. Fragmento de La lengua de las mariposas (Manuel Rivas, ¿Qué me quieres amor?, Premio Nacional de Narrativa, 1996)

Así me llevó, agarrado como quien lleva un serón en mi vuelta a la escuela. Y en esta ocasión, con corazón sereno, pude fijarme por vez primera en el maestro. Tenía la cara de un sapo.

El sapo sonreía. Me pellizcó la mejilla con cariño. «¡Me gusta ese nombre, Gorrión!». Y aquel pellizco me hirió como un dulce de café. Pero lo más increíble fue cuando, en el medio de un silencio absoluto, me llevó de la mano cara a su mesa y me sentó en su silla. Y permaneció de pie, agarró un libro y dijo:

«Tenemos un nuevo compañero. Es una alegría para todos y vamos a recibirlo con un aplauso». Pensé que me iba a mear de nuevo por los pantalones, pero sólo noté una humedad en los ojos. «Bien, y ahora, vamos a comenzar con un poema. ¿A quién le toca? ¿Romualdo? Ven, Romualdo, acércate. Ya sabes, despacito y en voz bien alta».

A Romualdo los pantalones cortos le quedaban ridículos. Tenía las piernas muy largas y oscuras, con las rodillas llenas de heridas.

«Una tarde parda y fría...»

«Un momento, Romualdo, ¿qué es lo que vas a leer?»

«Una poesía, señor».

«¿Y cómo se titula?»

«Recuerdo infantil. Su autor es don Antonio Machado»

«Muy bien, Romualdo, adelante. Despacito y en voz alta. Repara en la puntuación»

El llamado Romualdo, a quien yo conocía de acarrear sacos de piñas como niño que era de Altamira, carraspeó como un viejo fumador de picadura y leyó con una voz increíble, espléndida, que parecía salida de la radio de Manolo Suárez, el indiano de Montevideo.

«Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel,

junto a una mancha carmín...

«Muy bien. ¿Qué significa monotonía de lluvia, Romualdo?», preguntó el maestro.

«Que llueve después de llover, don Gregorio».

La clase de Machado video

ACTIVIDADES:

  • Actividades sobre los textos 1 y 2 y la secuencia de “La clase de Machado”: Lectura del fragmento de Manuel Rivas, visionado de la secuencia y lectura en voz alta del poema de Machado.
    1. ¿Por qué crees que el autor del relato elige precisamente este poema de Machado?
    2. Relación del ambiente escolar en el poema machadiano con el que reflejan la secuencia cinematográfica y el texto de Rivas.
    3. ¿Qué representan las figuras de Caín y Abel mencionadas en el poema? ¿Puede establecerse alguna relación con el tema de “las dos Españas”?
    4. Análisis comparativo del fragmento de Rivas y la secuencia. ¿Te parece una buena adaptación del texto literario?
    5. Establece una comparación entre el ambiente escolar de la España de la II República reflejado en La lengua de las mariposas y el actual.
  • video
     El huerto y la muerte
    Escena final video
     
  • Actividades con el relato de Manuel Rivas y las secuencias complementarias: “El huerto y la muerte” y “El final”
    6. Lectura completa del relato de Manuel Rivas.
    7. Analiza y da tu opinión sobre los métodos pedagógicos de don Gonzalo.
    8. Explica la evolución de la relación de don Gonzalo y Moncho.
    9. El padre y la madre del niño no comparten ni ideas políticas ni creencias religiosas. La madre es muy religiosa, va a misa y cree lo que el cura dice. Mientras que el padre es ateo y republicano, ¿cómo se deduce esto a partir de la secuencia del huerto? ¿Cómo explicas la evolución del padre en la escena final?
    10. La pérdida de la inocencia en la secuencia final. ¿Por qué se elige esa imagen del niño en el cartel de la película? ¿Qué crees que representa?
    11. Relaciona el siguiente texto con la secuencia final de la película:


Miles de maestros, tras el triunfo del golpe militar, tuvieron que optar por el camino de un incierto y duradero exilio o soportar el peso de la represión franquista. Quienes se quedaron fueron sometidos a los juicios de las comisiones de depuración constituidas para castigar, sobre todo, a los sectores más progresistas e innovadores desde el punto de vista educativo y, a su vez, los más comprometidos con el proyecto republicano de cambio político, social, y económico. Entre 15.000 y 16.000 maestros sufrieron expedientes de depuración. Como consecuencia de ello, unos se verían abocados a la separación e inhabilitación absoluta o parcial para la enseñanza, otros se verían suspendidos de empleo y sueldo, trasladados, y sometidos a expedientes disciplinarios o inhabilitados para el desempeño de cargos públicos o directivos.

viernes, 19 de abril de 2013

COMETAS EN EL CIELO

Pincha aquí y podrás acceder al cuestionario de dicha película.

Con esta película trabajaremos los valores de la solidaridad, el respeto y la igualdad.

La relación de amistad de los dos protagonistas nos posibilitará trabajar dichos valores.

martes, 19 de marzo de 2013

LA PRINCESA PROMETIDA


En este enlace aparece la ficha de la película "La princesa prometida".
Una vez vista la película los alumnos realizarán dicha ficha.

sábado, 9 de marzo de 2013

LA GUERRA


La obras literarias se agrupan en tres géneros básicos: lírico, narrativo y dramático o teatral. Los textos que aparecen a continuación pertenecen a géneros diferentes aunque todos tratan un mismo hecho desgraciado y siempre actual: el bombardeo de las ciudades. Este material aparece acompañado de una breve secuencia de la película Las bicicletas son para el verano de Jaime Chávarri.


Canción del antiavionista


Que vienen, vienen, vienen
los lentos, lentos, lentos
los ávidos, los fúnebres,
los aéreos carniceros.

Que nunca, nunca, nunca
su tenebroso vuelo
podrá ser confundido
con el de los jilgueros.

Que asaltan las palomas
sin hiel. Que van sedientos
de sangre, sangre, sangre,
de cuerpos, cuerpos, cuerpos.

Que el mundo no es el mundo.
Que el cielo no es el cielo,
sino el rincón del crimen
más negro, negro, negro.

Que han deshonrado al pájaro.
Que van de pueblo en pueblo,
desolación y ruinas
sembrando, removiendo.

Que vienen, vienen, vienen
con sed de cementerio
dejando atrás un rastro
de muertos, muertos, muertos.

Que ven los hospitales
lo mismo que los cuervos.

Que nadie duerme, nadie.
Que nadie está despierto.
Que toda madre vive
pendiente del silencio,
del ay de la sirena,
con la ansiedad al cuello,
sin voz, sin paz, sin casa,
sin sueño.

Que nadie, nadie, nadie
lo olvide ni un momento.
Que no es posible el crimen.

Que no es posible esto.
Que tierra nuestra quieren.
Que tierra les daremos
en un hoyo, a puñados;
que queden satisfechos.


Que caigan, caigan: caigan.
Que fuego, fuego: fuego.


Miguel Hernández



El sótano de la casa

video

CUADRO XII
Al principio, oscuro total. Suena la explosión de un obús. Luego otra. Inmediatamente, dos más seguidas. Ruido de una puerta al abrirse. Se enciende la luz de una bombilla que cuelga del techo.
En el sótano hay amontonados grandes cajones de madera y algunas cajas de cartón, y muchas figuras, grandes, de vírgenes y santos de escayola, blancos, sin policromar.
Entran, no con excesiva precipitación, sino con cierta costumbre, DOÑA MARÍA LUISA -la casera-, MALULI -su hija, quince años-, una vecina y un vecino de edad y aspecto indeterminados, DON AMBROSIO, LAURA, DOÑA MARCELA, LUIS, DOÑA DOLORES, MANOLITA -con un niño de pecho en brazos-, DON LUIS y dos señoras y un señor. Todos visten de verano muy descuidadamente, como de andar por casa. Siguen sonando las explosiones de obuses.


DOÑA MARÍA LUISA: Cierra la puerta Maluli.

MALULI: ¿Qué, mamá?

DOÑA MARÍA LUISA: Que cierres la puerta, hija.

MALULI: Sí, mamá. (Va a cerrar)

DON AMBROSIO: Aún quedan muchos por bajar.

LAURA: Pero si ya no baja casi nadie.

VECINO: Claro; antes, cuando esto empezó, bajaban casi todos, pero ahora ya no.

DOÑA DOLORES: Se han acostumbrado.

DON LUIS: La gente se acostumbra a todo.

DOÑA MARÍA LUISA: Eso digo yo siempre. Y si no fuera por los que se empeñan en alborotar, podríamos todos vivir en paz y tranquilidad.

DOÑA DOLORES: (A DOÑA MARCELA) El primero que se negó a bajar al refugio fue su marido, doña Marcela... Bueno, perdón su ex marido.

DOÑA MARCELA: Por llevar la contraria.

VECINA: Yo le conozco poco, pero me parece un señor muy amable.

DOÑA MARCELA: ¿Sí? Pues también dice que no baja porque prefiere morirse lejos de mí. La felicito a usted por conocerle poco.

(Suenan golpes en la puerta)

DOÑA MARÍA LUISA: Abran, por favor.

DOÑA DOLORES: (A LUIS, que está cerca de la puerta) Abre, Luisito.

(LUIS abre la puerta y entran DOÑA ANTONIA, JULIO y ROSA)

DOÑA ANTONIA: Creí que no llegábamos, que deshacían antes la casa. Pero es que como a éste se le han roto las gafas... tenemos que bajar los escalones a tientas...

DOÑA MARCELA: Pues para su trabajo... Estás de contable, ¿no?

JULIO: Bueno, sí... En el bazar llevo los libros... Hago de todo...

DOÑA ANTONIA: Y cualquiera compra ahora unas gafas... Si no nos llega ni para las verdolagas.

(Suena una explosión más cerca que las otras)

VECINA: Ése ha caído muy cerca.

DOÑA ANTONIA: Esto de los bombardeos es un crimen, un crimen...

FERNANDO FERNÁN GÓMEZ, Las bicicletas son para el verano.

«¿Pero no habéis oído la sirena?» Mi padre aparece en la puerta de su despacho, esforzándose por conservar un gesto sereno. «¿Dónde están las niñas?» Mi madre se apresura por el pasillo, nos llama. Estábamos recortando mariquitas en el cuarto de atrás, uno quetenía un sofá verde desfondado y un aparador de madera de castaño que ahora está en la cocina de aquí, era el cuarto de jugar y de dar clase, pero poco después, en los tiempos de escasez, se convirtió en despensa; soltamos las tijeras y las cartulinas, «¡vámonos al refugio!», salimos a la escalera, nos tropezamos con el vecino del segundo, un comandante muy nervioso, con bigote a lo Ronald Colman, que iba gritando, mientras se despeñaba hacia el portal: «¡Sin precipitación, sin precipitación!». Algo detrás bajaba la familia, uno de los hijos era de mi edad, me sonríe, me coge de la mano, «no tengas miedo», cruzamos todos la plaza de los Bandos bajo el silbido pertinaz; el refugio estaba enfrente, lo habían construido aprovechando una calleja estrecha que había entre la iglesia del Carmen y la casa de doña María la Brava, nos metemos allí mezclados con la gente que acudía en desbandada y nos empujaba hacia el fondo; mi padre trataba de resistir a los empellones, se paraba, nos buscaba con la vista, «a ver si podemos quedarnos aquí mismo, venir, no os separéis», cerraban las puertas y ya no cabía nadie más. «¡Qué angustia! -decían las personas mayores, según iban acoplando su cuerpo al recinto abovedado-, no se respira», y algunos niños lloraban, pero yo no sentía claustrofobia ninguna mientras el hijo del comandante no se soltara de mi mano, me protegía más que mis padres, ni comparación. «¿Se está a gusto, verdad?», me decía al oído; y nos mirábamos casi abrazados, al amparo de la situación excepcional, a ratos en cuclillas, para sentirnos aislados entre las piernas de la gente.

CARMEN MARTÍN GAITE, El cuarto de atrás.

  1. Justifica brevemente a qué género literario pertenece cada uno de los textos anteriores.
  2. ¿Qué texto te ha conmovido más? ¿Por qué?
  3. ¿En qué textos se unen el amor y la guerra?
  4. ¿Qué texto te parece que expresa con más fuerza el rechazo hacia la guerra y hacia la muerte de seres inocentes?
  5. Indica si se ha encontrado lugar para el humor en alguno de los textos.
  6. Ordena las siguientes actitudes, según aparecen en el poema de Miguel Hernández: rechazo, denuncia, alerta, rebeldía.
  7. Señala las repeticiones y las anáforas del poema de Miguel Hernández y comenta su valor rítmico.
  8. Las acotaciones teatrales se escriben unas veces entre paréntesis, y otras, no. Escribe en tu cuaderno las acotaciones que indiquen cómo ha de estar ambientada la acción de Las bicicletas son para el verano. Analiza si existe correspondencia entre esas acotaciones y lo que se ve en la secuencia de la película.
  9. Estructura la narración de Carmen Martín Gaite en tres partes:
    - El aviso del bombardeo.
    - El desplazamiento al refugio.
    - La estancia en el refugio.
  10. Recorta del periódico una noticia de guerra que te haya impresionado y conviértela en un texto literario. Elige el género en que te desenvuelvas mejor.
  11.  
     
     



miércoles, 6 de marzo de 2013

Matilda: una propuesta didáctica.

Pinchad en este enlace y podréis ver una propuesta didáctica para relacionar la obra de Roald Dahl y la película de dicha obra.

viernes, 1 de marzo de 2013

LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO


 
Las bicicletas son para el verano es una obra teatral de Fernando Fernán Gómez que nos sitúa dentro de la guerra civil. En esta escena, llena de humor y amargura, nos habla del hambre y de la familia. Os ofrecemos una secuencia extraída de la adaptación cinematográfica de Jaime Chávarri.

video

 
 
Ficha técnica de la película
 
Tras ver la secuencia de la película y leer el siguiente fragmento, contesta a las preguntas planteadas:



(Doña Dolores, Manolita, Luis y Don Luis se disponen a comer un día cualquiera durante la Guerra Civil.)

DOÑA DOLORES.─ (A MANOLITA y a LUIS). Veréis, hijos, ahora que no está Julio... Y perdóname, Manolita.... No sé si habréis notado que hoy casi no había lentejas.
LUIS.─ A mí sí me había parecido que había pocas, pero no me ha chocado: cada vez hay menos.
DON LUIS.─ Pero hace meses que la ración que dan con la cartilla es casi la misma. Y tu madre pone en la cacerola la misma cantidad. Y, como tú acabas de decir, en la sopera cada vez hay menos.
LUIS.─ ¡Ah!
MANOLITA.─ ¿Y qué quieres decir, mamá? ¿Qué quieres decir con eso de que no está Julio?
DOÑA DOLORES.─ Que como su madre entra y sale constantemente en casa, yo no sé si la pobre mujer, que está, como todos, muerta de hambre, de vez en cuando mete la cuchara en la cacerola.
MANOLITA.─ Mamá...
DOÑA DOLORES.─ Hija, el hambre... Pero, en fin, yo lo único que quería era preguntaros. Preguntaros a todos, porque la verdad es que las lentejas desaparecen.
DON LUIS.─ Decid de verdad lo que creáis sin miedo alguno, porque a mí no me importa nada soltarle a la pelma cuatro frescas.
MANOLITA.─ Pero, papá, tendríamos que estar seguros.
DON LUIS.─ Yo creo que seguros estamos. Porque la única que entra aquí es ella. Y ya está bien que la sentemos a la mesa todos los días...
MANOLITA.─ Pero aporta lo de su cartilla.
DOÑA DOLORES.─ No faltaba más.
[...]
LUIS.─ Mamá, yo, uno o dos días, al volver del trabajo, he ido a la cocina... Tenía tanta hambre que, en lo que tú ponías la mesa, me he comido una cucharada de lentejas... Pero una cucharada pequeña...
DON LUIS.─ ¡Ah!, ¿eras tú?
DOÑA DOLORES.─ ¿Por qué no lo habías dicho, Luis?
LUIS.─ Pero sólo uno o dos días, y una cucharada pequeña. No creí que se echara de menos.
DOÑA DOLORES.─ Tiene razón, Luis. Una sola cucharada no puede notarse. No puede ser eso.
DON LUIS.─ (A DOÑA DOLORES.) Y tú, al probar las lentejas, cuando las estás haciendo, ¿no te tomas otra cucharada?
DOÑA DOLORES.─ ¿Eso qué tiene que ver? Tú mismo lo has dicho: tengo que probarlas... Y lo hago con una cucharita de las de café.
DON LUIS.─ Claro, como ésas ya no sirven para nada...
(MANOLITA ha empezado a llorar.)
DOÑA DOLORES.─ ¿Qué te pasa, Manolita?
MANOLITA.─ (Entre sollozos.) Soy yo, soy yo. No le echéis la culpa a esa infeliz. Soy yo... Todos los días, antes de irme a comer... voy a la cocina y me como una o dos cucharadas... Sólo una o dos..., pero nunca creía que se notase. No lo hago por mí, os lo juro, no lo hago por mí, lo hago por este hijo. Tú lo sabes, mamá, estoy seca, estoy seca...
DOÑA DOLORES.─ (Ha ido junto a ella, la abraza.) ¡Hija, Manolita!
MANOLITA.─ Y el otro día, en el restorán donde comemos con los vales, le robé el pan al que comía a mi lado... Y era un compañero, un compañero... Menuda bronca se armó entre el camarero y él.
DOÑA DOLORES.─ ¡Hija mía, hija mía!
DON LUIS.─ (Dándose golpes en el pecho.) Mea culpa, mea culpa, mea culpa...
(Los demás le miran.)
DON LUIS.─ Como soy el ser más inteligente de esta casa, prerrogativa de mi sexo y de mi edad, hace tiempo comprendí que una cucharada de lentejas menos entre seis platos no podía perjudicar a nadie. Y que, recayendo sobre mí la mayor parte de las responsabilidades de este hogar, tenía perfecto derecho a esta sobrealimentación. Así, desde hace aproximadamente un mes, ya sea lo que haya en la cacerola lentejas, garbanzos mondos y lirondos, arroz con chirlas o agua con sospechas de bacalao, yo, con la disculpa de ir a hacer mis necesidades, me meto en la cocina, invisible y fugaz como Arsenio Lupin, y me tomo una cucharada.
DOÑA DOLORES.─ (Escandalizada.) Pero..., ¿no os dais cuenta de que tres cucharadas...?
DON LUIS.─ Y la tuya, cuatro.
DOÑA DOLORES.─ Que cuatro cucharadas...
DON LUIS.─ Y dos de Julio y su madre.
DOÑA DOLORES.─ ¿Julio y su madre?
DON LUIS.─ Claro; parecen tontos, pero el hambre aguza el ingenio. Contabiliza seis cucharadas. Y a veces, siete, porque Manolita se toma también la del niño.
DOÑA DOLORES.─ ¡Siete cucharadas! Pero si es todo lo que pongo en la tacilla... (Está a punto de llorar.) Todo lo que pongo. Si no dan más.
( MANOLITA sigue sollozando)
DON LUIS.─ No lloréis, por favor, no lloréis...
LUIS.─ Yo, papá, ya te digo, sólo...
MANOLITA.─ (Hablando al tiempo de Luis.) Por este hijo, ha sido por este hijo.
DON LUIS.─ (Sobreponiéndose a las voces de los otros.) Pero, ¿qué más da? Ya lo dice la radio: «no pasa nada». ¿Qué más da que lo comamos en la cocina o en la mesa? Nosotros somos los mismos, las cucharadas son las mismas...
MANOLITA.─ ¡Qué vergüenza, qué vergüenza!
DON LUIS.─ No, Manolita: qué hambre.

ACTIVIDADES.-
  1. Doña Dolores expone: “No sé si habréis notado que hoy casi no hay lentejas”. ¿Sobre quién cargan todas las culpas?
  2. A continuación, comienzan las autoconfesiones de todos sus miembros. ¿Cómo diluye Luis su culpabilidad? ¿Y qué argumenta Manolita?
  3. La confesión de don Luis merece una atención especial. Su disculpa se basa en un hecho que todos los personajes habrán tenido en cuenta al meter la cuchara en la cazuela. ¿De qué se trata? Por otro lado hace referencia clara a la alimentación de la familia en los últimos meses de guerra. ¿A qué platos se refiere?
  4. ¿Qué conclusión se deduce de este episodio?